Todos estamos al tanto de la existencia de los organismos modificados genéticamente (o GMOs por sus siglas en inglés), y si no es que habéis estado viviendo en una cueva (por lo que no os culpo). De hecho, hay tanto sobre lo que informar que este artículo solo es una introducción brevísima dirigida a “principiantes” y a los todavía escépticos o en contra de los GMOs, que extrañamente y en contra de toda evidencia científica son alarmantemente muchos. Esto se puede comprobar con una simple búsqueda en “Google imágenes” sobre “GMOs” que como resultado da imágenes alarmantes como estas:

Pero no os alarméis, toda imagen no soportada por evidencia científica no significa nada, así que todavía podéis dormir tranquilos.

Para los que no estéis al tanto, los GMOs son organismos vivos cuyo material genético ha sido modificado por técnicas de bioingeniería. Darse cuenta que he dicho explícitamente que han sido modificados por técnicas de bioingeniería. Y qué pesados pensarán, repitiendo las cosas. Pero es que esto nos lleva a un punto muy importante, pues os lo creáis o no el material genético no sólo se modifica por sí solo por medio de mutaciones, sino que también ha sido modificado por el ser humano desde hace milenios. Con lo que quiero llegar a esto es que la modificación genética no es de ningún modo algo reciente, lo “único” novedoso es el mecanismo por el cual se modifica con la ingeniería genética. De hecho, la bioingeniería permite modificar, en principio, el material genético a voluntad, pudiendo modificar ciertas características del organismo, como pueden ser los casos reales del tomate resistente a la sequía o a la sal, el arroz amarillo con elevado contenido de vitamina A, la papaya resistente al virus que la mata, etc. y éste es su gran poder, tanto temido. Y es que los GMOs han salido a la fama por impopulares, ya que la población duda de su seguridad alimentaria y medioambiental. Sin embargo, ¿Está este miedo infundado en alguna prueba/razón, o es más como el miedo que la población tenía cuando la ciencia empezaba a dar respuestas y a hacer “milagros” desde principios del siglo XV con la Inquisición?. El último punto es el que abordaré en este artículo.

Voy a empezar por la seguridad alimentaria. Empiezo fuerte diciendo que no hay razón (ni prueba como veremos más adelante) alguna para creer que la ingeniería genética ponga en peligro la seguridad del alimento. Una de las preocupaciones es que puede ser peligroso trasladar material genético entre organismos. Sin embargo, como dijimos antes esto ocurre desde “toda la vida” en la naturaleza y sin intervención humana, denominado como “transferencia genética horizontal” en el cual organismos de distintas especies transfieren material genético que es incorporado por el otro organismo. Esta transferencia genética se ha encontrado que ocurre de hongos a insectos, entre plantas, de bacterias a plantas, de bacterias a insectos, de virus a plantas, o incluso a animales y humanos (https://en.wikipedia.org/wiki/Horizontal_gene_transfer). De hecho, recientemente se ha comprobado la transferencia genética de bacterias a los boniatos (http://www.pnas.org/content/112/18/5844.full.pdf http://www.npr.org/sections/goatsandsoda/2015/05/05/404198552/natural-gmo-sweet-potato-genetically-modified-8-000-years-ago). Sin embargo, yo nunca he escuchado que nadie se lamente y asista a manifestaciones porque una bacteria le esté transfiriendo material genético a una patata. Sin embargo, cuando los bio-ingenieros se aprovechan de este mismo mecanismo para modificar el material genético la peña se revoluciona. Pero vamos a ir aún más lejos, pues hay quienes dirán que esto es un mecanismo “natural” (qué poco me gusta usar esta palabra) por lo cual no hay peligro (frase con menos sentido más usada recientemente por la comunidad anti-ciencia). Pues bien, ¿qué me dirían si les contara que nosotros (entiéndase como especie humana) hemos llevado a cabo modificaciones genéticas en plantas y animales desde hace milenios? Pues sí señores, y es que muchos de los vegetales y productos animales destinados al consumo humano no tienen nada que ver con sus “versiones naturales”, ya que hemos ido seleccionando las plantas que daban frutos más grandes, con menos semillas, las vacas con ubres más grandes, etc. Está implícito que esta selección modifica el material genético; el tomate de cultivo, por ejemplo, se estima que contiene menos del 5% del material genético de su pariente salvaje (https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2759208/). Es decir, todo con lo que nos alimentamos desde hace milenios proviene de organismos modificados genéticamente.

Por ahora, para resumir, hemos quedado en que la modificación genética se ha llevado a cabo desde “siempre” ya sea por mecanismos naturales (transferencia genética horizontal) o por mecanismos artificiales (domesticación), y que la única diferencia con la modificación por ingeniería genética es puramente metodológica, por lo cual deberían de ser igual de seguros a nivel medioambiental y alimentario. Pero señores, si todavía no les he convencido sobre su seguridad (entiendo que una idea inculcada a hierro fuego y cueste dejarla atrás) os diré más. Porque los científicos, al ser personas escépticas, han realizado estudios sobre cuál es el impacto ambiental y peligro alimentario de los transgénicos, y adivinad qué, pues que son igual de inocuos que cualquier otro alimento (http://www.nature.com/nbt/journal/v28/n4/abs/nbt0410-319.html). Quien tiene la última palabra sin embargo es la Comisión Europea, organismo responsable de la legislación en Europa y por ende de la seguridad alimentaria entre otras cosas, que ha concluido con un informe de 130 proyectos de investigación en los cuales se involucran más de 500 distintos grupos científicos independientes que los GMOs son totalmente inocuos. Y no, los científicos no estamos pagados por malvadas empresas multinacionales, sino mediante impuestos públicos; pero de esto hablaremos en otra ocasión (https://ec.europa.eu/research/biosociety/pdf/a_decade_of_eu-funded_gmo_research.pdf).

Pero señores, yo no me voy a quedar contento solamente habiendo demostrado su inocuidad, y es que ustedes pensarán ¿A qué viene todo este bullicio con los GMOs? ¿Por qué los necesitamos? Y, ¿Cuál es el beneficio de usar GMOs? Porque si no aportaran beneficios no tendría sentido usarlos, ya que su ingeniería conlleva años de investigación científica y de gastos que los ciudadanos pagan (y también algunas empresas privadas como Monsanto (¡oooh!)).

Una de las principales ventajas de los GMOs yo diría que es el beneficio económico que aporta a los agricultores. Esto se debe a diversos factores: algunos GMOs son capaces de resistir a plagas sin el uso de plaguicidas, lo que ha llevado a un incremento de la producción y además al ahorro que le conlleva al agricultor por no tener que comprar plaguicidas. Y es que el agricultor no es tonto, si no le aportara beneficios no compraría las semillas transgénicas al demonio de Monsanto (¡oooh!). Esto se ve reflejado en un aumento de entre el 16% al 85% en la producción del algodón y maíz y del 7% de media para la soja resistentes a plagas. Este porcentaje parece minúsculo, pero si lo convertimos en producción total ganada se traduce en ¡322 millones de toneladas adicionales producidas solo de maíz! Y es que el uso de transgénicos ha ahorrado ¡20 millones de hectáreas de plantación en 2014! Es en los países subdesarrollados donde el agricultor más se beneficia, lo que ha hecho que disminuya su tasa de pobreza; ¡por cada hectárea de transgénico plantada el agricultor gana 90$ extra! (http://www.nature.com.dbgw.lis.curtin.edu.au/nbt/journal/v28/n4/full/nbt0410-319.htmlhttp://science.sciencemag.org/content/299/5608/900). Pero es que uno de los más beneficiados por la producción transgénica es el medio ambiente (https://www.nap.edu/read/23395/chapter/7#116). Por ejemplo, para las especies resistentes a plagas no es necesario el uso de plaguicidas, lo que ha reducido su uso en un 37% solo gracias a las plantaciones transgénicas (http://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0111629 http://www.nature.com.dbgw.lis.curtin.edu.au/nbt/journal/v28/n4/full/nbt0410-319.html). El aumento de producción además conlleva una disminución del uso de la tierra destinada al cultivo, produciendo por ende un menor impacto ambiental. Otros beneficios indirectos son la reducción de emisiones de CO2, ¡equiparable a quitar de la carretera 12 millones de coches! (el equivalente a quitar de la carretera la mitad de los coches de España) (http://www.tandfonline.com/doi/full/10.4161/gmcr.28449?src=recsys&).

Desgraciadamente, los avances científicos y tecnológicos de los organismos genéticamente modificados se están viendo mermados debido a la presión de una sociedad (mal) informada por grupos ecologistas de reconocimiento internacional que, al no haberse actualizado científicamente, llevan a cabo campañas anti-GMOs que acrecientan el miedo de la población a su uso. Esta presión social hace por ejemplo que en Europa sólo se cultive una especie de GMO (aunque contrariamente se puedan exportar más de 50 distintos GMOs) y campos de cultivos y centros de investigación transgénicos se vean atacados y quemados por todo el mundo (http://littleatoms.com/science-world/tanzania-burning-GM-corn-while-people-go-hungry, https://www.biofortified.org/2013/06/gmo-crops-vandalized-in-oregon/, http://yournewswire.com/citizens-in-hungary-burn-monsanto-gmo-cornfields/). Sin embargo, la ciencia y experiencia nos han demostrado los grandes beneficios que aportan los transgénicos a la población. Numerosos proyectos han desarrollado plantas que presentan características increíbles; un ejemplo es la ingeniería de plantas para resistir a la sequía, como el maíz resistente a la sequía que ya se ha empezado a cultivar en algunos países del continente africano, en un proyecto de Monsanto (¡ooooh!) que está proporcionando gratuitamente las semillas a pequeños agricultores y que ha demostrado excelentes resultados, ¡produciendo casi el triple de producción comparado con el maíz tradicional! (https://monsanto.com/company/outreach/water-efficient-maize-africa/, http://www.aatf-africa.org/media-center/First-Harvest-of-New-Drought-Tolerant-Seed-Shows-Strong-Promise) . Otro ejemplo de plantas que han sido manipuladas genéticamente para soportar mejor el estrés ambiental es el tomate que puede crecer en suelos con elevado contenido en sal (https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/11479571). Es interesante también el famoso caso del arroz amarillo que podría solucionar los problemas de deficiencia de vitamina A que se estima son la causa de muerte de 1 a 2 millones de personas al año (http://apps.who.int/iris/bitstream/10665/49301/1/bulletin_1992_70(2)_225-232.pdf). Este proyecto, sin embargo, se ha visto ralentizado por organizaciones y activistas anti-gmo como Greenpeace y Vandana Shiva. Esto llevó en 2016 a que 108 Premios Nobel firmaran una carta para que Greenpeace abandonara su campaña contra los GMOs y el arroz amarillo en particular (https://www.theguardian.com/environment/2016/jun/30/nobel-winners-slam-greenpeace-for-anti-gm-campaign).

Como conclusión quiero que tras haber leído esto os quede claro que los GMOs son inocuos y además aportan soluciones a severos problemas a los que se enfrenta actualmente la sociedad. Por eso es importante generar conciencia sobre el uso de GMOs a una población mal informada. Señores, ¡tenemos el futuro al alcance de nuestras manos!

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