Quizás lo más importante (y lo único) que quizás os interese saber de mí es que, a pesar de escribir este artículo de divulgación en un blog de ciencia y biología, soy historiador. Sí, habéis leído bien, soy historiador. Me dedico al estudio del pasado de la Humanidad en mayúsculas, a sus vicisitudes, batallas, comportamientos, etc… La pregunta es quizás ¿Qué puede aportar un historiador a un blog de ciencia?, ¿Qué tiene que ver la ciencia con la historia? La respuesta a ambas preguntas es simple: mucho. Tradicionalmente la historia se ha estudiado como un conjunto de acontecimientos importantes, que solo debemos memorizar y… ¡genial!, examen aprobado.

Pues no es exactamente así amigos, lo cierto es que la historia y La biología tienen mucho que ver, y de hecho existe una gran corriente que interpreta la historia en clave biológica, se trata de la llamada arqueología evolutiva. La arqueología evolutiva nació en los años 60 en los Estados Unidos, cuando grupos de arqueólogos de diferentes universidades comenzaron a aplicar las ideas del evolucionismo darwiniano al estudio de las sociedades prehistóricas y la arqueología. Quizás el más importante de todos ellos fue el profesor David Rindos, que en su obra “los orígenes de la agricultura: una perspectiva evolucionista”, dio a conocer los postulados de la aqrqueología evolutiva.

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El profesor David Rindos (1947-1996), uno de los grandes teóricos de la arqueología evolutiva.

La pregunta que podríamos hacernos ahora es ¿de qué manera puede el evolucionismo explicar la historia? Muy sencillo: proponiendo una visión de los hechos en la que el objetivo de toda acción humana es la lucha por la supervivencia, y la transmisión de los genes de unas generaciones a otras. Así, por ejemplo, la razón de que en un asentamiento humano las cabañas tengan formas circulares o cuadrangulares dependerá de qué forma constructiva se “adaptó” mejor a las condiciones ambientales, es decir, qué estrategia tuvo un mayor éxito en términos de supervivencia.

Sin embargo, esta línea de estudio basada en la explicación evolucionista de la historia no ha podido traspasar las barreras de la arqueología; quizás esto se deba a que, e el fondo, no tenemos ningún reparo en admitir que nuestros “salvajes” antepasados cromañones actuaran como “simples” animales, pero nos cuesta mucho más admitir que así lo hicieran los “loables” griegos o los grandes imperios. Lo que parece claro, de todos modos, es que la arqueología evolutiva no ofrece para nada la típica explicación a la que estamos acostumbrados en el estudio de la historia. ¿Alguna vez os han enseñado en la escuela que los asentamientos de la Prehistoria tienen las formas que tienen por motivos de adaptación al medio?, ¿Que la mayoría de las grandes ciudades se fundaron cerca de los ríos por el acceso a los recursos naturales que proporcionaban? Parece que no todo en la Historia eran grandes decisiones de tipos altos, fuertes y carismáticos, sino que muchas de las iniciativas que los seres humanos han tomado a lo largo del tiempo respondieron a factores puramente biológicos.

Como conclusión, cabe decir entonces que la arqueología evolutiva ha dado una significativa vuelta de tuerca a nuestra forma de ver el pasado, aunque, como ocurre con todas las teorías en Historia, sus argumentos siempre son discutibles. De ti y de tus lecturas, querido lector, depende dejarte seducir o no por estas “exóticas” explicaciones.

Bibliografía

BERMÚDEZ DE CASTRO, José María, El chico de la Gran Dolina : en los orígenes de lo humano, Barcelona: Planeta, 2017.

ESCACENA CARRASCO, José Luis, GARCÍA RIVERO, Daniel, GARCÍA FERNÁNDEZ, Francisco J., Clasificación y arqueología : enfoques y métodos taxonómicos a la luz de la evolución darwiniana, Sevilla: Universidad de Sevilla, 2010.

RINDOS, David, Los orígenes de la agricultura: una perspectiva evolucionista, Barcelona: Bellaterra, 1994.

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