La idea de encontrar el fósil más antiguo, tener en nuestras manos la última cena de un dinosaurio, revivir especies extintas y encontrar ancestros en el hielo que podamos traer a la vida después de miles de años (cual magia criogénica), nos resulta prácticamente una utopía.

Pero tengo que decirles que todo esto ya ocurrió, y por si fuera poco, fue publicado en distintos artículos científicos (dos de los cuales se publicaron este mismo año).

Y no, esta publicación no es sobre la saga de películas de un parque de diversiones con dinosaurios. Está publicación (una vez más) es sobre semillas.

EL TOMATILLO DEL FIN DEL MUNDO

Este año, científicos del CONICET develaron el descubrimiento del fósil de tomate más antiguo hallada hasta el momento. Lo encontraron en la Patagonia, en lo que en su momento fue un lago lindero a un volcán (al que llaman “Laguna de Hunco”), en donde ya se habían encontrado las primeras especies en Sudamérica de Eucalyptus y de Agarhis.

Las condiciones de baja concentración de oxígeno en el lago propiciaron el ambiente ideal para conservar los frutos que caían de los árboles circundantes, permitiendo que la materia orgánica se mantuviera intacta con el paso del tiempo.

Imagen de los tomatillos publicada en Science 2017.

Según los estudios realizados, estos frutos de Physalis infinemundis datan de hace 52.000 millones de años y son por ellos, los frutos de  la familia de las solanáceas (que incluye muchas especies agrícolas como el tabaco y la papa) más antiguos que se descubrieron, siendo un hallazgo de gran relevancia en su historia evolutiva.

magen de los tomatillos publicada en Science 2017.

LA ÚLTIMA CENA

Paleontólogos españoles en colaboración con investigadores de Argentina y Portugal, hicieron este año el hallazgo de una nueva especie de hace 180 millones de años a la que llamaron Isaberrysaurus.

Carcasa del dinosaurio Isaberrysaurus

Entre todos los descubrimientos que realizaron se destaca el contenido estomacal del animal, prácticamente intacto (algo muy poco como común y que solo se había reportado para hadrosaurios y anquilosaurios).

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Imagen de la ubicación del contenido estomacal en el fósil del dinosaurio, publicada en Sci Rep 2017.

En su estomago se encontró una masa de semillas mineralizadas de varias especies, siendo identificadas algunas cycadales. Estás semillas se encontraban con la cubierta intacta y muy bien conservadas, lo que indicaría que estaban en las primeras etapas de la digestión.

Imagenes a-c: semillas de cycadales (c), otras semillas (r), costilla (s); imágenes d-e: detalles de las semillas de cycadales. Publicadas en Sci Rep 2017.

Muchas cycadales tienen principios activos venenosos en sus semillas, pero los autores indican que esto no sería un problema para animales tan grandes y suponen que su consumo constituiría un mecanismo de dispersión de semillas como se observa en la actualidad en otras especies.

LA PALMERA BÍBLICA

Nombrada en varios pasajes de la biblia, se dice que la palmera datilera de Judea (Phoenix dactylifera L.) era la base de la economía del reino, y cuando llegaron los romanos, en el año 70 AD, acabaron con ella y la llevaron a la extinción para efectuar su conquista. Debido a esto, la existencia de esta palmera se convirtió en leyenda, hasta el hallazgo de sus semillas en vasijas de barro durante una excavación en el palacio de Herodes en los años ’60.

A pesar de este increíble descubrimiento, las semillas permanecieron guardadas en un depósito en Israel, hasta que en 2005  fueron finalmente puestas a germinar y sólo una de ellas logró hacerlo exitosamente. Según los registros de carbono, databan de hace 2.000 años.

Semillas de Phoenix dactylifera L., Science 2008.

Actualmente, la palmera popularmente conocida como “Matusalem”, ha sido capaz de producir polen y polinizar a una hembra moderna dando como resultado dátiles fértiles según indicó la Dra. Solowey al National Geographic.

La palmera a los 26 meses,  Science 2008.

EL BOTÍN DE LAS ARDILLAS

Los científicos del Instituto de Biofísica Celular en Rusia, publicaron en 2012 el hallazgo de frutos de Silene Stenophyla en cuevas de ardillas prehistóricas de Siberia, donde el permafrost (capa de suelo congelada permanentemente, como vimos en La Bóveda del Fin del Mundo) permitió alcanzar las condiciones adecuadas de temperatura y humedad para su conservación. Según las pruebas de datación por carbono, estas semillas tenían mas de 30.000 años de antiguedad.

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Imagen de las semillas de S. Stenophyla, publicadas en PNAS 2012.

Si bien en este caso, la obtención de plántulas se logro finalmente a partir de tejido placental (mucho más longevo por su contenido de sacarosa), luego de varios intentos fallidos, se logró exitosamente regenerar nuevas plantas capaces de producir flores, frutos y semillas viables a partir de las muestras prehistóricas.

Fotos de las plantas de S. Stenophyla obtenidas de tejido de frutos fósiles, publicadas en PNAS 2012.

Es interesante destacar la diferencia en la forma de los pétalos (b) de las plantas obtenidas con las plantas modernas de esta especie (primera flor en el centro de la imagen),  lo que sería relevante para el estudio de su evolución.

Y sí, todos esperabamos revivir dinosaurios, pero por ahora, lo dejamos para futurama.

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REFERENCIAS

Eocene lantern fruits from Gondwanan Patagonia and the early origins of Solanaceae

A new primitive Neornithischian dinosaur from the Jurassic of Patagonia with gut contents

El árbol de la semilla de 2.000 años

Germination, Genetics, and Growth of an Ancient Date Seed

Regeneration of whole fertile plants from 30,000-y-old fruit tissue buried in Siberian permafrost

 

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