Muchos conoceréis lo que se dice por ahí sobre los efectos de la marihuana. Aquí hoy sabréis la verdad, o al menos, lo que se conoce hasta ahora sobre el efecto del THC (su principio activo) en el cuerpo humano. Y en alguna rata. Y en algún que otro perro.

Para entender todos sus efectos, hay que empezar sabiendo lo básico, en este caso debo explicar qué es un receptor celular.

Los receptores son proteínas alojadas en la membrana plasmática de las células, a la cual cuando se le une una molécula señalizadora (también llamado ligando)  en el exterior de la célula y produce una cascada de señales, el cual tiene uno o varios efectos en el interior de la célula, así por ejemplo.

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Las moléculas que producen un efecto en las neuronas, prácticamente todas actúan de esta manera, con una nomenclatura propia y específica.

Los compuestos activos de la marihuana se estudian a través de sus receptores, que son específicos para cannabinoides, es decir, sólo activan la cascada de señales en presencia de tipo de moléculas. En células animales existen 2 tipos de receptores cannabinoides: CB1 y CB2. Los receptores CB1 están alojados mayoritariamente en neuronas y los receptores CB2 sobre todo en células del sistema inmune.

Toda la acción del THC en el organismo es producido por la activación de uno de estos 2 receptores, que producen una respuesta en cadena según dónde se encuentren alojados.

Respirad, que esto era lo más complicado.

El efecto más conocido de los cannabinoides sobre el organismo es el que produce a partir de su interacción con los receptores CB1. Desafortunadamente, los estudios que se realizaron sobre su acción psicotrópica anteriores a 1990 no estuvieron bien controlados, y fueron muy mal designados.

Los receptores CB1 son muy abundantes en neuronas del cerebelo y del ganglio basal, lo cual explica el complejo efecto psicomotor que produce, uno de los primeros estudios, allá por 1899, explica el raro andar de los perros que comían cogollos. También hay mucha bibliografía sobre su efecto en la movilidad de ratones, como por ejemplo, un grupo que descubrió que las ratas sedadas por la droga respondían con un salto a un estímulo sonoro o táctil. También hay estudios después de 1990 sobre la motricidad en humanos, doy por hecho que son bien conocidos.

Está demostrado que en ratones que los cannabinoides calman el dolor muscular producido por la esclerosis múltiple, y los medicamentos para humanos van por buen camino.

Otro de los efectos en el cerebro, es la pérdida de memoria a corto plazo, por el efecto que produce en el hipocampo. En este campo existen estudios muy interesantes sobre la plasticidad de las neuronas afectadas, pero cuyos resultados no son de momento aplicables.

En cuanto a la función cognitiva, básicamente todos los efectos son consecuencia del  síntoma de aumento del tiempo de reacción hacia estímulos. Sobre el efecto del consumo abundante a lo largo del tiempo, actualmente no existe ninguna conclusión científica. Por la complicidad que representa estos estudios, los resultados son muy variables, estudios de alta complejidad en Jamaica, Costa Rica y EEUU concluyen que no existe un efecto negativo en el consumo excesivo y prologado a lo largo del tiempo en la función cognitiva, salvo alguna dificultad para desempeñar tareas cognitivas complejas. Ni más ni menos.

Está científicamente comprobado que abre el apetito, ayuda a controlar las nauseas y vómitos asociados a quimioterapia, tiene efecto analgésico en el dolor inflamatorio y es eficazmente usado en enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson, Alzheimer y corea de Huntington. Como también que puede exacerbar los síntomas producidos por enfermedades psicóticas como la esquizofrenia.

Sobre la adicción, estudios muy controlados en humanos y animales demuestran que aparece síndrome de abstinencia cuando se retiran la droga, provocado por una reducción en la liberación de dopamina y que produce cambios adaptativos en el cerebro, similares a los provocados por las drogas en general.

Sobre los efectos negativos, hay bastantes estudios muy inconsistentes al respecto, con resultados bastante contradictorios in vitro. Resultados in vivo muestran que no existen daños neuronales significativos después de la administración de dosis farmacológicamente relevantes de esta droga.

Hasta aquí los efectos neuronales, repitiendo, los provocados cuando cualquier molécula cannabinoide (como el THC) se une a un receptor CB1.

A partir de aquí, me llevé una grata sorpresa cuando estuve leyendo artículos sobre el efecto en los receptores CB2, que están sobre todo en células del sistema inmune. Supuse que la publicidad que se le da como antitumoral cuasimilagroso sería cosa de pseudociencia, de gente indocumentada que busca por cualquier fin su legalización o que mejore la opinión pública.

Pero he tenido al equivalente científico de una revelación. Está demostrado que estos receptores están directamente involucrados en la destrucción de células tumorales. ¿Cómo? Impidiendo la proliferación de estas células, complicando la metástasis, y activando la apóptosis, la cual es una ruta metabólica intrínseca de las células que hacen que se suiciden.

Este doble efecto antitumoral ha sido demostrado in vitro e in vivo en: cáncer de mama, de próstata, de pulmón, de piel, pancreático, de hueso, cerebral y de tiroides.

Por otro lado, al consumirse vía respiratoria, aumenta la probabilidad de cánceres orales como el de lengua o boca, al igual que cualquier tabaco o la ingesta de alcohol.

Por lo cual, se está estudiando mucho actualmente terapias de tratamiento específicas contra estos tipos de cánceres, que no son pocos, usando cannabinoides. Es importante destacar, que ayuda a combatirlos, pero no tiene ningún efecto preventivo conocido.

Como opinión personal, ante tantas evidencias, la sociedad tiene el deber de saber diferenciar su uso recreativo del medicinal, y que se refleje tanto ética como legalmente por el enorme potencial sanador que tiene, y que seguramente quede por descubrir.

Y no recomiendo la automedicación, listillos.

Referencias:

– Chakravarti, B., Ravi, J., & Ganju, R. K. (2014). Cannabinoids as therapeutic agents in cancer: current status and future implications. Oncotarget, 5(15), 5852-5872. doi:  10.18632/oncotarget.2233

– Leslie Iversen.(2003). Cannabis and the brain. Brain . 126 (6): 1252-1270. doi: 10.1093/brain/awg143

– Pertwee, R. G. (2006). The pharmacology of cannabinoid receptors and their ligands: an overview. International journal of obesity, 30, S13-S18. doi:10.1038/sj.ijo.0803272

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